El viernes pasado era casi la media noche y yo venėa de trabajar desde Miraflores; bajč de la combi en el cruce de la Av. Tacna y La Colmena para dirigirme a pie hasta la plaza 2 de Mayo. En este cruce habėa muchas camionetas de serenazgo que rondaban por las inmediaciones con sus circulinas dando vueltas y atacando la sensibilidad de nuestros ojos. (No se han dado cuenta que es un abuso exponer nuestros sentidos de la vista a escandalosos rayos de luz azules que nos atolondran y molestan?) A 2 cuadras de distancia mās o menos habėa un grupo de aproximadamente 10 motociclistas de serenazgo con las benditas circulinas vomitando sus relāmpagos azules a diestra y siniestra. Estos se encontraban reunidos en una esquina, parecėa que estaban alistāndose para un desfile militar. Desagradable fue mi sorpresa cuando al llegar a la Plaza 2 de Mayo no encontrč ninguna combi que me pueda llevar hasta Ventanilla- Callao, lugar donde yo habito. Lo que si abundaba eran los borrachitos, algųn homosexual vendiendo sus caricias y grupos de tipejos que merodeaban por allė buscando a algųn distraėdo peatōn para robarles hasta los zapatos. Cuando me di cuenta ya estaba yo metido en la cueva de los leones y observč que a la distancia se me acercaba un grupo de mās o menos 4 individuos con no buenas intenciones. Gracias a Dios pude reaccionar y crucč hasta la mitad de la pista para detener y abordar un taxi. Una vez dentro, el taxista me dijo: Mire seņor de lo que se ha salvado. (Los 4 miserables ladrones estaban desvalijando a un pobre peatōn que se encontraba detrās de mė, rompičndole los bolsillos del pantalōn, de la camisa; hasta le rebuscaban dinero por sus genitales.) Los que han sido vėctimas alguna vez de este tipo de ataques, comprenderān el grado de desconcierto primero, luego cōlera, ira, impotencia que ha sufrido este pobre hombre; un ciudadano peruano al fin y al cabo. Un peruano como tų, como yo. Un peruano como el presidente de la repųblica, los ministros, congresistas, jueces, alcaldes, regidores, autoridades policiales,autoridades de serenazgo. Un peruano que tambičn tiene derecho a trabajar, no importa que sea de noche o madrugada. Lo que importa es que la recompensa a este sacrificio es ver a sus hijos con un plato de comida y alguna ropita para vestirse. Un peruano que tiene derecho a tener seguridad en las calles, que tiene derecho a que las autoridades competentes se preocupen por implementar una estrategia que pueda poner freno a esta abusiva y criminal actitud de individuos cobardes que atacan y roban a personas indefensas. Felizmente este infeliz ciudadano recibirā el consuelo de sus compaņera en el hogar: ´Ya no te aflijas mās, cholo. Gracias a Dios que no te han hecho nada malo. Al menos la plata se hace; la vida no. Ya la pagarān esos canallas algųn dėa, ya verās´. Hasta cuāndo tendremos que esperar para que se implemente una real y efectiva estrategia de seguridad? Hasta cuando tendremos que soportar asaltos en la vėa pųblica, en las combis, en los taxis, hasta en nuestras propias casas? Hasta cuāndo tendremos que seguir comičndonos la frustraciōn de ver que algunos miserables delincuentes nos arranquen el poco dinero que llevamos con tanto sacrificio a nuestro hogar? Eso si seņores, recuerden que si les toca algųn dėa vivir esta traumātica experiencia, no opongan resistencia, dejen que les roben todo lo que tienen, no olviden que al fin y al cabo: ´La plata se hace, la vida no´. Foto referencial de zug55, Flickr